¿Que tienen en común individuos como Michael Brook, Chris Minh Doky, Marc Ribot, David Torn, Robert Fripp, Holger Czukay, Shree Maa, Ruichi Sakamoto, Nils Peter Molvaer, Bill Fisell, Bill Nelson, entre otros que por tiempo espacio omito?

El simple hecho de prestar sus manos con oficio para darle forma a las obsesiones sonoras de DAVID SYLVIAN, uno de los más grandes estilistas de la música contemporánea, la ubicada como inetiquetable; mismo responsable de la irritabilidad de quienes a costa de todo, encasillan hasta los entorchados que componen al instrumento.
Todos ellos forman un colectivo que se antoja como para la soñada Big Band que más de una vez rondó en nuestra mente, desafortunadamente cada uno aportó su semilla en su tiempo y en el lugar específico, pero eso no evita el sentir un inminente viaje basado en amistad entrañable y el interés común.
Profundizando un poco en la labor individual, un Brook que suele ser amo y señor de espacios inexplorados con la guitarra, se descubre ahora con “Red Earth”, en una faceta como artífice de las frecuencias de una Conga grave; por su parte Minh Doky, erudito en el acto de enamorar al Contrabajo, cumple a lado de Ribot (demente que lo desconstruye todo) la consigna de dar vuelco a “All of my Mother’s Names” bajo petición y lineamientos del Bello de Lexington, en una exquisita nueva versión de la ya degustada, masticada y saboreada original que forma parte de la cartera del “Secrets of the Beehive”.
Fripp, el ideólogo de la neurosis, firma los momentos precisos para satisfacer a todos los amantes de la acidéz y la estética del caos, “Wave” y “Upon this Earth” le dan cabida, éstas además remezcladas y tratadas en laboratorio. Shree Maa se levanta el velo y a muchos nos enseña que al igual que los músicos, las talentosas voces no esperan a ser descubiertas, se descubren solas, “Praise (Prata Samarami)” que mejor carta de presentación; por cierto también le hace a la Tamboura de arraigo : “The song wich gives the key to perfection”, en ella se suma además un Sylvian que juega con la garganta y define en lengua extraña uno de los momentos más sublimes del disco. Finalmente lo que Torn, Nils Petter Molvaer, su inseparable Nelson y demás prodigios logran, son química pura y entendimiento nato. Catorce cortes en total conforman el viaje. Es la homónima, el ansiado estreno que rompió el silencio del “Frontman” en su momento.
Es un deber exaltar por sobre cualquier otro a uno de los más brillantes e interesantes multi-instrumentistas vivos, se trata de Ruichy Sakamoto, un genio ya consumado que no tiene sombra en un puñado de peculiaridades, las más trascendentes, el reinventar resoluciones al Piano y la manera de orquestar, convirtiéndose en núcleo central y transmisor de energía, cubriendo así de luz el entorno, chocando en notas y a la vez dejando fluir lo ajeno como si nada estuviera pasando.
Imaginen ahora que este sujeto (Sakamoto) ha sido mancuerna perfecta a la izquierda de Sylvian, así pues el honor en su peso más insoslayable es para éste último, quien ha dado origen a toda esta pleyade de atmósferas y posibilidades que en el saldo (y lo digo con pasión sí, por que así deben ser las aficiones, definitivas y siempre en incremento) son un compilado de emociones que respiran por sí solas, enfermizas en los detalles y siempre, siempre impredecibles, dando rienda suelta a nuestra imaginación y a tantos desenlaces deseados.
En ésta edición, un Bonus CD integra de igual forma el paquete y en éste, el autor le da espacio a otra mancomunión con compatibilidad de caracteres, se trata de una pizca de los trabajos realizados con Holger Czukay, quien no necesita presentarse acá, solo tomar los controles; el invitado de lujo hizo chispa con el inglés y el saldo fue estrepitoso, Plight (The Spiralling of Winter Ghosts) , Mutability (A New Begining is in the Offing) y Premonition (Giant Empty Iron Vessel) te llevan de la mano abriendo puertas en las que jamás te imaginabas inmerso.
Comentar que éste álbum doble es de Rock, Jazz, Ambient, Electrónica, de Fusión misma, etc., es mecha corta. Existe un espíritu de cada vertiente, sí, pero lo más justo y real es afirmar que es “música en estado puro”, generada por individuos que en esos días y como siempre, estaban inspirados.
Este trabajo que desde su diseño exterior da fé de su entraña, es pareja obligada de aquel “Everything & Nothing” que si bien se mostró como el sustento enciclopédico de la obra de Sylvian, es “Camphor” la tesis del otro hemisferio de David, el instrumental, el de texturas hipnóticas y abstractas, que a momentos suelen ir de lo sutil a lo intenso y siempre en terrenos grandiosos; en ocasiones y en ciertos espacios parece interpretado por el viento, por ello no queda la menor duda, Sylvian es un ejemplar en extinción de una conocida especie que vive un paso adelante, que repele la abulia y los esplinéticos estándares, dejando huella de suprema valía en quienes le disfrutamos y reconocemos.

Compruebo que en ocasiones uno recibe impresiones fuertes que son determinantes para toda la vida en cuanto a gusto y predilección se refiere.
Si se es melómano DAVID SYLVIAN en definitiva concierne.
Poesía pura y fundamental en una época en que a muchos músicos les falta más seso y les sobran manos.
Raúl Ulloa R.

