
Es momento de desempolvar una reseña que hice en su momento, a uno de los discos más fascinantes que han caido en mis manos. Justo después de concluido el ultimo corte, así, a tope todos los sentidos. Les comparto :
Valdría la pena echarse un clavado en la persona de LOUIS SCLAVIS y desmenuzar su quehacer hasta el hartazgo, sin embargo dado el aprecio que le tengo a uno de sus trabajos en particular, este proceso debilitaría la conexión con el autor y esta joya específica, mejor pues, vayamos al grano.
Todo comenzó en la mente de Ernest Pignon-Ernest, pintor visionario que decidió dar vida a las imágenes que durante mucho tiempo rondaron su cabeza, emanadas de muros en esquinas, callejones y recovecos de la mística Nápoles; religión, política, vida cotidiana, cultura mediterránea, vaya, no había límite a la imaginación. Después de plasmarlas y exponerlas, un talentoso saxo-clarinetista quedó maravillado y, refiriendo la obra como una magistral ópera visual, decidió hacer música. Inspirado, como solo él sabe hacerlo hoy día, ha dejado marcadas para siempre, a aquellas personas que lo han visto en vivo.

Louis Sclavis, el galo que labra artesanía a manos de un clarinete bajo y de un par de saxos (barítono y soprano), propuso a entrañables camaradas dar seriedad al asunto, de tal forma que Vincent Courtois llevó el Chelo y un combo de juguetes electrónicos al estudio; Hasse Poulsen nomás cargó la Lira, una de esas que sólo contados, como Bailey y Ducret saben seducir… y bueno Méderic Collingtion, atascadazo que pagó sobrecarga, apostó por la Trompeta, Trombón, harta Percusión y más Electrónica para acrecentar así, la incógnita del resultado. Además canta y lo hace como nunca alguien hubiese imaginado.
Señores, he aquí el preámbulo de una de las grabaciones más exquisitas, impredecibles y magnánimas que se han hecho en la historia. Un puñado de obras que se convierten en necesidad y respiro al momento de ser escuchadas. Por ello la necesidad de compartirlo.
Todos los cortes llevan dedicatoria, a Gesualdo, a Mingus, a Tedesco y al Vesuvio, por citar algunos. El track “Colleur de Nuit” calienta el espacio y predispone, anuncia… la malora ocurre cuando en el segundo corte, sin agua va, el encanto del Sax abre la puerta a sonidos pocas veces visitados, para que ese juego maquinero se enrede con una voz atléticamente educada que rebasa métricas y hermana armonías. Culmina entonces el caos y la esencia -que nunca dejó de existir- se abraza de nuevo con “Divinazione Moderna”, que en dos partes se contrapuntea y elige la acústica absoluta en manos expertas. El disco sigue corriendo, y no hay duda que en “Guetteur d´inapercú”, se acaricia la gloria y se experimenta algo inusualmente adictivo: ejercicios indescifrables, intromisiones heladas, pequeños pasajes de autogestión… “belleza total”.

Pero mejor aún, ¿por qué no saborear en absoluta calma meditativa y personal este plato, haciendo a un lado las referencias ya comentadas y refrendando así, su propia versión de esta película auditiva? Darse el tiempo para disfrutar este asunto es un inmenso auto-regalo, digerirlo pone la mente y el corazón de uno en lugares donde no se desea bajar los pies. Cito ahora una frase del consanguíneo ALrreola, que acá viene como anillo al dedo : “Se necesita algo mundano al alcance, vino, tabaco, un buen café… para volver a hacer tierra”.
Canonización para Manfred Eicher y todo ese maravilloso Oasis que nos pone en bandeja.
LOUIS SCLAVIS
“Napoli´s Walls”
ECM – 2003
Por cierto, no duden en entrar al sitio del artífice visual : www.pignon-ernest.com
Raúl Ulloa R.
