
El regresar a este espacio no es solo vital para explayar lo que trae uno adentro en lo que concierne a estas frecuencias, es también un honor y agradezco la invitación de mi bienquerido amigo Pedro Beas, exquisito melomano que hace de esta adicción al Jazz todo un oasis de posibilidades.
Al grano pues, desde hace una semana corro este album en los aparatos y barajeo en la mente muchas sensaciones, la principal de ellas, esa imaginación inagotable de Vinz y de quienes absorben sus marañas en el papel y aceptan el reto, asi pues le acompañan en el viaje y además aportan lo propio, que por cierto también mucho sabe a pósima de laboratorio.
Estamos ante un disco grabado casi en vivo, y dado el tiempo, no hubo espacio para retoques, arrepentimientos y menos para pedir mesura en pleno caos. Si bien la apertura con “Cerf Volant” todo suena a un calentamiento de motores, lo sucedido en “Cynthia’s Promenade” es ya el entorno del que uno nunca puede salir durante el recorrido, además ni se quiere hacerlo. Viajan las frecuencias en epocas de aquellos consorcios gigantescos de los 40′s y llegan a cotos de improvisación al puro estilo de quienes han hecho propia esa habilidad de hablar con su instrumento de forma extemporánea.

Siempre sabremos de las glorias perennes que el Jazz le enjareta a la historia, pero siempre lo he dicho, no hay nada mejor que llenarse las manos de tierra y no temerle a la obscuridad de los recobecos, ahí señores es donde se encuentran las piedras mas brillantes y los tesoros más akilatados, lo mejor de ello es que ese valor lo tasa uno mismo y siempre se tiene ese libre alvedrío de desechar lo que no prenda o que sencillamente no diga nada.
Vonlanthen es un tipo ajeno al desperdicio, en éste cabe todo y el peso de sus alcances estriba justamente en la manera de transmitirlo al escucha, donde de plano no queda espacio para evaciones y menos puede uno abstraerse de tantos recursos sonoros.
Justo ahora estoy desmenuzando el track “Safari” y verdaderamente estoy clavado en el dialogo de alientos que no hace mas que recordarnos lo complejo de la Selva de asfalto y el cuidado que hay que imprimirle a cada uno de nuestros movimientos en pro de la supervivencia, una estepa de concreto plagada de colores, olores y de bullucios interminables. Vaya, no tengo en la sangre mas que un par de copas de vino y estoy seguro que no es un alucine, este sujeto insisto, sabe transmitir lo que quiere de manera natural, es pues un profesional totalizador que sabe embadurnarnos toda la partitura; y lo hace de manera lirica y visual por si solo lo auditivo fuera poco.
Pero no todo es solemne y complicado, éste es un plato pues de intrincada filigrana musical, que no lleva electronica ni trucos de enchufe, el puro aliento y la fuerza de las manos hacen de esto, también una musica emparentada con un soundtrack de cinta de humor o por que no, con un dia de campo veraniego acompañados de los mas entrañables amigos, en una diversión que rompe parangones y costumbres.
Gracias pues Vinz por ser ese instigador sonoro necio e incansable, gracias Pedro por hacerme participe, y gracias a todos quienes leen mis clavadeces en las que finco un deseo legitimo de que algo de esto los atrape y los deleite, como a mi suele sucederme a cada rato, a DIOS gracias.
Raúl Ulloa R.
VINZ VONLANTHEN – “Urban Safari” / Carbon 7 – 1999.
