Hoy he comprado uno de los elepés que desde hace muchos años había soñado tener en mi colección. Ya puedo imaginarlo en el estante de discos. Ahí, en orden alfabético al lado del disco de Koop. Tal vez lo ponga en la mesa de centro, después de todo siempre he pensado que el mejor adorno para mi casa es una buena portada de elepé. Hoy he invertido los mejores $28 dlls que yo recuerde. Y aunque el disco no es nuevo y está catalogado como un disco en condiciones VG (samall tear on cover, ring wear), estoy extremadamente feliz. Un elepé es un elepé y nada podría importar más que el paraíso al que me llevará el jazz que salga por esas bocinas al poner la aguja sobre el vinilo y pulsar play.
Pocos discos me hacen sentir esa corriente de alta tensión, una corriente que, al tocar los nervios sensibles, provoca sonrisas y sobresaltos reiterados. La primera vez que escuché el disco Astigmatic (en cedé) del maestro Krzysztof Komeda, pianista insuperable de jazz polaco, supe desde el primer minuto que pocas veces se habían escuchado unidas tal variedad de frases luminosas. Tomasz Stańko (tp), Zbigniew Namysłowski (as), Krzysztof Komeda (p), Gunter Lenz (b) y Rune Carlson (dr) hicieron, en 1965, con sólo tres temas –Astigmatic (22’50), Kattorna (7’20) y el inigualable Svantetic (15’50)-, uno de los discos más bellos de jazz libre de todos los tiempos.
Pedro César Beas