
Después de setenta años se le apareció al master Freddie Hubbard la vieja que empuña la guadaña. Setenta años son muchos si tomamos en cuenta que su garganta siempre estaba sedienta de Jack Daniels y que se metía, sin compasión, de todo, especialmente cocaína. En los años ochenta llenaba auditorios de fervientes melómanos dispuestos a pagar un carísimo boleto con tal de escuchar en vivo a uno de los grandes de la trompeta, aun sabiendo que ya no soplaba como lo hacía quince años antes. Fue precisamente en 1971 cuando compuso, seguramente con ayuda de las atascadas de coca que se daba, el magistral e injustamente olvidado Sing Me a Song of Songmy, un disco “experimental” aderezado con cuerdas, tape effects,spoken word y trompetas voladoras. Una joyita.
Si olvidamos algunos de sus trabajos más comerciales y su extraña tendencia y afición por “suavizar” el jazz a finales de los setenta, entonces Freddie Hubbard, el de los Jazz Messengers, el de los discos experimentales, era un genio.
Pedro César Beas
