Nostalgia Auditiva

Agradezco a mis amigos yucatecos, cada día más cercanos, la invitación a participar en la revista SOMA. La publicación impresa la pueden adquirir en librerías (Mérida)
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Nostalgia Auditiva
Pedro César Beas
Revista SOMA. Año 01, No 03, Octubre 2008
La primera fiesta de cumpleaños que recuerdo fue la de mi quinto aniversario. En la tornamesa giraban, a treinta y tres revoluciones por minuto, Parchís, Burbujas y Emmanuel. Los dos primeros por elección propia y el último porque a mi madre le encantaba, importándole poco si yo entendía esas desgarradoras frases escritas por Manuel Alejandro; pero no sólo en las fiestas se ponía a girar la tornamesa: cuando mi madre cocinaba, José José, Raphael, Camilo Sesto y Sandro sonaban a todo volumen.
Para mediados de los años noventa llegó por primera vez a casa un reproductor de discos compactos. Mi madre, muy “moderna”, decidió tirar la colección familiar de elepés y comprar cedés. Nunca imaginé que después de casi quince años las ventas de discos compactos -ese formato que prometía “un sonido celestial”, que contaba con más capacidad de almacenamiento (70 minutos frente a los 45 del vinilo), y que “nunca” se rayaría porque no necesitaba, como las tornamesas, una aguja- caerían un 17% y las del elepé subirían un 36%. Además, tardé (tardamos) muchos años en aceptar lo que Elvis Costello venía afirmando ferozmente desde los años noventa: “nos están engañando, el vinilo suena mejor y por mucho”.
Meses atrás, en Los Ángeles California, volví a Amoeba, la tienda de discos culpable de que mi departamento luciera como un museo dedicado a la historia de la música. En Amoeba gasté durante muchos años mis ahorros y aprendí, desafortunadamente tarde, lo que no se debe hacer con las tarjetas de crédito: sobregirarlas. Sorprendentemente, en pleno 2008, la megatienda de discos luce distinta. Los estantes imponentes de cedés siguen ahí, sí, pero el vinilo goza de un merecido y protagónico espacio, algo impensable diez años atrás. Y es que ahora Radiohead, U2, David Sylvian, Depeche Mode, Medeski, Metallica, Broadcast, Stereolab y cientos de grupos vigentes han decidido publicar sus discos en elepé. Además, algunos sellos de culto, en diversos tipos de música, han optado por reeditar en vinilo esas obras que ahora nos resultan imprescindibles.
La muerte de los discos compactos está muy cerca. Según estadísticas, la mitad de los oyentes habituales de música, incluidos esos testarudos melómanos, jamás compran un disco, sino que deciden bajar música de Internet. Y es que la cosa está muy clara: la música en disco compacto no suena igual que la prensada en vinilo y existe, para fortuna de todos nosotros, la posibilidad de cargar en el bolsillo (iPOD) miles de canciones. Entonces, ¿quién en su sano juicio invertiría su dinero en discos compactos? De acuerdo con Billboard, la nueva generación está evitando el cedé, prefiere el mp3 y disfruta el fetichismo de poseer un artículo vintage: el vinilo.
Por lo visto, el viejo formato se niega a morir. Es la venganza de la nostalgia. ¿Qué esperar de ellos? Afortunadamente, lo de siempre: sonidos basados en la grabación mecánica analógica, calidad insuperable y el ritual, siempre encantador, de poseer un objeto en el que, a diferencia de los discos compactos, la fotografía, la tipografía y el diseño lucen mucho mejor.



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